Nuevos gobiernos, ¿nuevos proyectos de ciudad?

Las transiciones políticas suelen desafiar la continuidad de la planeación urbana al incorporar nuevas prioridades e interrumpir proyectos en marcha. Con la renovación de más de 1,500 alcaldías en México este otoño ¿cómo mantener el rumbo hacia una visión compartida de futuro? La planeación estratégica ofrece una respuesta.

 

Las transiciones políticas, aunque inherentes a la dinámica democrática, suelen ser un desafío para la planeación urbana. La llegada de nuevas administraciones, con sus propias visiones y prioridades, tiene el potencial de interrumpir el progreso de proyectos en marcha, desviando o incluso paralizando iniciativas que requieren tiempo y continuidad para madurar. En un contexto de polarización política, como el que predomina actualmente en nuestra región, la continuidad de proyectos exitosos se convierte en una excepción más que en una regla.

Dado que este otoño se renovarán más de 1,500 alcaldías en todo México, alterando significativamente el mapa político de la mayoría de las zonas metropolitanas del país, ¿cómo podemos procurar que nuestras ciudades no retrocedan en sus metas a largo plazo?

Este otoño, México vivirá un cambio trascendental con la renovación de más de 1,500 alcaldías, lo que alterará significativamente el panorama político en la mayoría de las zonas metropolitanas del país. Ante este escenario, surge una pregunta crucial: ¿cómo podemos procurar que nuestras ciudades mantengan y continuen avanzando hacia sus metas de largo plazo?

Si bien el cambio es inevitable, es posible mantener el rumbo cuando existe un proyecto de ciudad previamente definido y respaldado por la ciudadanía y sus instituciones. Esto implica contar con una visión compartida de futuro y una estrategia para lograrlo.

Desde la década de 1980, muchas ciudades en todo el mundo han impulsado procesos de planeación estratégica para definir sus proyectos de futuro. Ejemplos notables como Barcelona, en España, y Medellín, en Colombia, demuestran que la formulación y el cumplimiento de planes estratégicos pueden transformar el entorno urbano de manera profunda y sostenible, independientemente de los cambios políticos.

En Barcelona, el impulso urbanístico derivado de los Juegos Olímpicos de 1992 se convirtió en un catalizador para la revitalización de la ciudad, mientras que en Medellín, la implementación de estrategias de inclusión social y movilidad ha logrado transformar una ciudad marcada por la violencia en un modelo de innovación urbana.

Un plan estratégico exitoso no solo establece una visión de futuro construida en conjunto con los ciudadanos, sino que también define las acciones y metas necesarias para materializar esa visión. Esto se logra partiendo de un diagnóstico integral del territorio y una evaluación precisa de los retos y oportunidades presentes.

Además, un plan estratégico debe contar con la flexibilidad necesaria para adaptarse a las prioridades inmediatas de las administraciones entrantes, sin desviar la estrategia de largo plazo de la ciudad. Gestionar un proyecto de ciudad a futuro, por lo tanto, es un proceso dinámico y continuo, que equivale a “hacer camino al andar”.

Finalmente, lejos de ser un obstáculo insuperable, las transiciones políticas pueden representar una oportunidad valiosa para fortalecer los planes estratégicos vigentes. Son momentos idóneos para realizar actualizaciones necesarias, ajustar metas y, en algunos casos, iniciar la definición de un proyecto de ciudad si es que aún no existe una visión compartida de futuro.

No dudes en contactarnos si te interesa impulsar una iniciativa como esta en tu ciudad.