¿Cómo reconfigurar nuestras ciudades tras la pandemia?

El brote de COVID-19 ha puesto en evidencia la importancia de construir resiliencia desde lo local, pero… ¿cómo funcionan las ciudades resilientes?. A continuación describimos sus principales cualidades y cómo éstas se notan alrededor del mundo en algunas medidas de respuesta y planeación de la recuperación tras la pandemia.

 

La pandemia de COVID-19 ha puesto en evidencia la importancia de construir resiliencia desde lo local. El 95% de casos se han reportado en áreas urbanas y las consecuencias más severas, tanto en términos económicos como de mortalidad, han afectado principalmente a las poblaciones vulnerables. Hoy en día, aproximadamente mil millones de residentes urbanos habitan en asentamientos con infraestructuras precarias y altos niveles de hacinamiento, quienes generalmente dependen económicamente de empleos informales que difícilmente les permiten cumplir con las medidas de distanciamiento social e higiene necesarias para prevenir contagios.

Como ha sido señalado por la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo a Desastres (UNDRR), volver a la normalidad no es suficiente. La crisis de COVID-19 ha demostrado nuevamente que los riesgos son sistémicos y que los desastres se desenvuelven en cascada, produciendo consecuencias más grandes y complejas conforme avanzan. La depresión social y económica que se ha desencadenado a raíz del brote epidémico es un ejemplo de ello. Esta pandemia representa una oportunidad para replantearnos cómo funcionan nuestras ciudades; pero sobre todo, cómo queremos que cambien.

¿Cómo funcionan las ciudades resilientes?

En 2015 la consultora internacional ARUP y la Fundación Rockefeller desarrollaron el Marco de Resiliencia Urbana (CRF, por sus siglas en inglés) para ilustrar holísticamente las características de las ciudades resilientes. Este marco reconoce 7 cualidades que son esenciales para prevenir el colapso de los sistemas urbanos y facilitar medidas oportunas y apropiadas ante riesgos:

Reflexividad:

Los sistemas reflexivos usan conocimientos aprendidos de experiencias pasadas para tomar decisiones informadas, modificando sus estándares y comportamientos en consecuencia. Nuestras ciudades deben aprender de la situación actual para transformarse y con ello estar preparadas para la siguiente crisis.

Los múltiples brotes epidémicos, así como otros fenómenos pasados, han moldeado a las ciudades a lo largo del tiempo. Tanto la introducción de sistemas de drenaje sanitario en Londres como la construcción de grandes parques en Nueva York se llevaron a cabo como respuesta a infecciones de cólera y tuberculosis, respectivamente, durante los dos últimos siglos. En México, por ejemplo, el sismo de 1985 contribuyó a impulsar la creación del Sistema Nacional de Protección Civil y a partir de la epidemia de influenza AH1N1 en 2009 se popularizó el uso de gel desinfectante como artículo de higiene personal.

Ingenio:

Los sistemas ingeniosos reconocen formas alternativas y creativas para utilizar los recursos disponibles. Ante la inminente crisis económica global, es necesario generar formas innovadoras para adaptarnos a la nueva normalidad e impulsar una recuperación resiliente.

En la ciudad de Quito, por ejemplo, se ha asumido a la economía alimentaria y los huertos urbanos como elementos estratégicos en la construcción de resiliencia antes y durante la pandemia. Esta misma alternativa le permitió a La Habana, adaptarse al desplome de importaciones de alimentos que ocurrió en Cuba a finales del siglo pasado a consecuencia del colapso de la Unión Soviética.

Robustez:

Los sistemas robustos cuentan con estructuras sólidas, construidas y gestionadas para garantizar que las fallas sean predecibles y proporcionadas con respecto a sus causas. En este sentido, la dispersión del COVID-19 a lo largo del mundo ha demostrado la fragilidad de los sistemas de salud pública en muchas ciudades, incluso en países de altos ingresos como Estados Unidos.

Por otro lado, en ciudades de países con sistemas robustos de salud pública, como Alemania y Nueva Zelanda, ha sido posible contener el brote epidémico mediante comités de crisis previamente conformados y entrenados, así como sistemas de información capaces de generar datos útiles para la toma de decisiones en momentos difíciles. De acuerdo a la UNDRR, “la lección más clara de la pandemia ha sido la necesidad de prevenir y estar preparado para los desastres”.

Flexibilidad:

Los sistemas flexibles son capaces de adoptar estrategias alternativas en respuesta a circunstancias cambiantes o crisis repentinas. Durante los últimos meses, por ejemplo, hemos tenido que flexibilizar la manera en la que usamos los espacios públicos y privados para poder realizar algunas de nuestras actividades cotidianas.

Aunque algunos gobiernos locales se han mantenido rígidos, decenas de ciudades han modificado sus calles para promover la movilidad activa, se ha favorecido el trabajo en casa y se han establecido diferentes medidas sanitarias para prevenir contagios en el transporte público, comercios y espacios de trabajo. Bogotá, Londres y París son solo algunos de los casos más ampliamente difundidos sobre creación de nuevos espacios para caminar o andar en bicicleta en donde antes dominaba el automóvil. Mientras tanto, en Madrid incluso se ha puesto a consideración la posibilidad de remodelar el centro de la ciudad para dividirlo en supermanzanas.

Redundancia:

Los sistemas redundantes cuentan con capacidad adicional creada para continuar operando a pesar de alteraciones repentinas; es decir, cuentan con un Plan B en caso de fallar. En este sentido, la pandemia ha obligado a las ciudades a generar espacio adicional en sus infraestructuras hospitalarias, siendo varios edificios adaptados como hospitales para poder atender la demanda emergente de camas y respiradores mecánicos para pacientes de COVD-19 en condición grave.

En Wuhan, la ciudad China donde se originó el brote epidémico, se construyó un hospital con disponibilidad para 1000 camas en apenas 10 días. Mientras que en otros países, como México, se generaron convenios con hospitales privados para que los sistemas públicos de salud pudieran atender el crecimiento de la demanda durante los picos de la epidemia.

Inclusión:

Las ciudades son inclusivas cuando involucran a un amplio espectro de actores para la toma de decisiones y generan un sentimiento de corresponsabilidad alrededor de una visión compartida. La situación actual demanda que más allá de la respuesta al brote epidémico de COVID-19 se generen procesos formales para planear la recuperación tras la pandemia con medidas y objetivos específicos y en colaboración con las diferentes comunidades y actores de nuestras ciudades.

La ciudad de Sydney, por ejemplo, ha generado tres planes para recuperarse tras la pandemia: uno financiero, uno organizacional y uno comunitario que fue desarrollado incorporando las perspectivas de 2,700 residentes, visitantes, trabajadores, estudiantes y dueños de propiedades y negocios. De acuerdo a Resilient Cities Catalyst, es necesario impulsar procesos de planeación profundos, basados en equidad e inclusión, no solo para preparar a nuestras ciudades para la siguiente crisis sino también para garantizar una distribución más equitativa de sus consecuencias.

Integralidad:

Los sistemas integrales articulan a diferentes organismos e instituciones para que compartan recursos y trabajen en conjunto. Implementar los planes de recuperación tras la pandemia requerirá que los gobiernos locales se coordinen con múltiples actores para que sus medidas y objetivos se cumplan.

Existen ciudades densas y pobladas como Hong Kong, Tokio y Seúl, que lograron contener el brote de COVID-19 gracias a la implementación coordinada de distanciamiento social, uso de cubrebocas, pruebas, rastreo de contactos, entre otras medidas de salud pública. Por otro lado, hay gobiernos que ya planean acciones coordinadas durante los meses entrantes. Con el objetivo de impulsar la movilidad a pie y en bicicleta, en Inglaterra se combinarán intervenciones de infraestructura con programas de capacitación e incluso bicicletas a préstamo bajo prescripción médica.

Aunque el año 2020 quedará marcado por la disrupción sistémica generada por la epidemia de COVID-19, esta sacudida también puede convertirse en una oportunidad para reconfigurar nuestras ciudades con el objetivo de hacerlas más resilientes. Esto es aún más relevante al considerar que más crisis vendrán en el futuro, entre otras causas, a consecuencia del cambio climático. Cada vez son más los gobiernos, empresas y organizaciones que planean a futuro desde una perspectiva de resiliencia urbana y por ello en RESILIENTE estamos para apoyarles.